Lo mejor del trash, como banda: una máquina de poder. Metallica se consagró en los 80s con Master of Puppets y ...And Justice for All, dos discos extraordinarios musicalmente, sin orden preferencial. Nos entregaron joyas como One, Master of Puppets, Blackened, Battery y ...and Justice for all. Quienes han seguido a Metallica, saben de lo que estoy hablando.
Sin embargo, a comienzos de los 90s, nos entregaron un disco sin nombre (o Black Album) que fue un ícono en mi generación. Todos soñamos con ser estrellas de rock a causa de este disco, todos quisimos aprender a tocar guitarra con canciones como Nothing else matters o The Unforgiven. Los grandes del trash nos dieron el disco perfecto. Nunca se habló de la voz ni de la guitarra ni de la bateria por separado. Lars, James, Kirk y Jason eran una máquina conjunta. Siempre dije que en cuando a poder y potencia musical nunca habrá una banda como esta.
Mis años de secundaria, mi iniciación musical, los primeros K7s que grabé están en este disco tan representativo. Siempre de negro, siempre malos, fueron parte de esta época de rebeldía e ira.
Muchos no comprendieron su evolución a lo largo de los 90s, pero en todo caso, hace poco regresaron con un discazo, el Death Magnetic, que nos grita a la cara que Metallica regresó para quedarse.
Acá la gran máquina del metal, con Enter Sandman, ícono de mi generación e ídolos para siempre.
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